América Latina y la gran esperanza
Actualizado (Lunes, 27 de Abril de 2009 10:01) Escrito por TFP Domingo, 04 de Febrero de 2007 22:00
En octubre de 1.933, Dr. Plino con 25 años de edad escribía en "O Legionario" de la Arquidiócesis de Sao Paulo un artículo que de haber sido tenido en cuenta por quienes tenían acceso a magnates de la política y la economía de aquel entonces en Europa y USA, tal vez habría contribuido para que la crisis que comenzó con el “Crac” de la Bolsa de NY, no hubiese desencadenado los fenómenos políticos que llevaron a la devastadora II Guerra Mundial, de la que nació este presunto nuevo orden o estado de cosas, que hoy en en 2009 amenaza derrumbarse estrepitosamenteEl hombre Occidental ya no encuentra encantos en la libertad de la que abusó, en la igualdad con la que fantaseó y en la fraternidad que no pudo realizar.
Su pujante economía, orgullo de viejos días, fue devorada por la superproducción. La filosofía, a la que le levantó un altar en su admiración, fue a abrevarse en corrientes envenenadas a las que no resisten pueblos ni civilizaciones. Le sirven hoy de lecho funerario los escombros de sus glorias ya pasadas. (…) En este tarde de la Civilización, que amenaza ser el atardecer de la propia humanidad, solamente vemos dos factores capaces de abrirle hoy al hombre una ventana para salvar el futuro : En el plano espiritual, la Iglesia Católica, y en el plano temporal, América Latina.
Una antigua leyenda cuenta que a la orilla de un gran lago había una roca que crecía en la medida que las olas la golpeaban, de tal suerte que nunca sería sumergida, aún en las mayores tempestades. Hoy en día esta gran roca es la Piedra, es la Cátedra de san Pedro, que ha crecido con las revoluciones, despreciando las herejías, creciendo en vigor a medida que sus adversarios crecen en rencor. Hace veinte siglos que Ella vine esparciendo agua bendita sobres sus enemigos que caen a lado y lado del camino. (…)
Asistió al nacimiento de todos los países del mundo Occidental. Los vería morir sin recelos por sus propios días, que no se cuentan con la brevedad de los días de una nación. En su Divina doctrina tiene todos los tesoros espirituales y morales necesarios para solucionar todas las crisis. En este mar revuelto del siglo XX en el que naufragan hombres, ideas y fortunas, solamente Ella continua siendo Vía, Véritas et Vita que la humanidad ha de aceptar para poder levantar un vuelo salvador sobre el abismo que amenaza tragarla.
Para actuar Ella también se sirve de factores humanos. Y de estos, el más promisorio hoy día es América latina. (…) A pesar de los pesares, todavía hoy nuestras costumbres conservan mucho de aquella suave urbanidad que es característica de las índoles cristianas. Incluso la moral del hogar, en términos bien generales, todavía no ha sido corrompida por la costumbre del divorcio que legaliza farisaicamente el llamado amor libre.
Cuando, por lo tanto, de la inmensa caldera donde hierven los restos de nuestra civilización, emergieren los primeros principios de un nuevo orden de cosas, teniendo como base el respeto a la Iglesia, a la propiedad y a la familia, solamente nuestra América del Sur ofrecerá al mundo un camino para ser construido en sus inmensas regiones que ninguna crisis económica agotarán y entre sus pueblos de reservas morales sólidas que habrán pasado ya por crisol del sufrimiento y en él habrán templado como pueblos fuertes.
América del Sur será, por lo tanto, el gran laboratorio donde la nueva civilización católica se va a levantar erecta.




