Devoción a María

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DEVOCIÓN  MARIANA

Factor decisivo en el embate entre la Revolución y la Contra-Revolución

    ¿Cuál es el nexo entre la devoción a la Santísima Virgen María y la temática del libro “Revolución y Contra-Revolución”, obra fundamental del Prof. PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA?  Es lo que a continuación explica admirablemente el autor en un prólogo de 1.970 a la edición Argentina del famoso libro.

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 Plinio Corrêa de Oliveira

 Comencemos por exponer algunos pensamientos contenidos en el libro “Revolución y Contra-Revolución”.

El origen de la Revolución  

   La Revolución es presentada en el libro como un inmenso proceso de tendencias, doctrinas, transformaciones políticas, sociales y económicas, derivado en último análisis -estaría yo tentado a decir, en ultimísimo análisis- de una deterioración moral provocada por dos vicios fundamentales: el orgullo y la impureza, que suscita en el hombre una incompatibilidad profunda con la Doctrina Católica.

   La manera como es la Iglesia Católica, la doctrina que Ella enseña, el universo que Dios creó y que podemos conocer tan espléndidamente a través de sus prismas, todo esto excita en el hombre virtuoso, en el hombre puro y humilde un profundo arrobo. Siente alegría al considerar que la Iglesia y el Universo son como son.

   Sin embargo, si una persona cede algo a los vicios del orgullo o de la impureza, comienza a germinarle una profunda incompatibilidad con varios aspectos de la Iglesia o del orden del universo. Esa incompatibilidad puede originarse por ejemplo en una antipatía hacia el carácter jerárquico en la Iglesia, desdoblarse en seguida y alcanzar la jerarquía de la sociedad temporal, para más tarde manifestarse al orden jerárquico de la familia. Y así, por varias formas de igualitarismo una persona puede llegar a una posición metafísica de condenación de toda y cualquier desigualdad incluso del carácter jerárquico del universo. Sería el efecto del orgullo en el campo de la metafísica.

   De modo análogo se puede delinear las consecuencias de la impureza en el pensamiento humano. El hombre impuro por regla general, comienza por tender hacia el liberalismo: lo irrita la existencia de un precepto, de un freno, de una ley que circunscriba el desborde de sus sentidos. Y con esto, toda ascesis le parece antipática. De esta antipatía, naturalmente, deviene posteriormente una aversión al propio principio de autoridad, y así por delante. El anhelo de un mundo anárquico -en el sentido etimológico de esta palabra- sin leyes ni poderes constituidos y en el cual el propio Estado no sea sino una inmensa cooperativa, es el punto extremo del liberalismo generado por la impureza. Y tanto del orgullo cuanto del liberalismo, nace el deseo de igualdad y libertad totales, que es la médula del comunismo.

   A partir del orgullo y de la impureza se van formando en el hombre los elementos constitutivos de una concepción personal diametralmente opuesta a la obra de Dios. Y esa concepción en su aspecto final, ya no difiere de la concepción Católica solamente en apenas un punto. A medida que a lo largo de las generaciones esos vicios se van profundizando y tornando más acentuados, se va estructurando toda una concepción gnóstica y revolucionaria del Universo. La individuación -que para la gnosis es el mal- es un principio de desigualdad. Y la jerarquía -cualquiera que sea- es hija de la individuación. El Universo -según el gnóstico- se rescata de la individuación y de la desigualdad en un proceso de destrucción del “Yo” que reintegra a los individuos en el gran “Todo” homogéneo. La realización entre los hombres de la igualdad absoluta y de su corolario la libertad completa -dentro de un estado de cosas anárquico- puede ser vista como una etapa preparatoria de esa reabsorción total. No es difícil pues percibir desde esta perspectiva el nexo entre gnosis y comunismo. Así, la doctrina de la Revolución es la Gnosis, y sus causas últimas tienen sus raíces en el orgullo y en la impureza. Dado entonces el carácter moral de estas causas, todo el problema de la Revolución y la Contra-Revolución es en el fondo -y principalmente- un problema de tipo moral. Lo que se dice en el libro “Revolución y Contra-Revolución” es que, si no fuese por el orgullo y la impureza, la revolución como movimiento organizado en el mundo entero no existiría, no sería posible.

La esencia de la Contra-Revolución

   Ahora bien, si en el centro del problema de la Revolución y la Contra-Revolución hay una cuestión moral, hay también eminentemente una cuestión religiosa, porque todas las cuestiones morales son sustancialmente religiosas. No hay moral sin religión. Una moral sin religión es lo más inconsistente que se pueda imaginar. Todo problema moral es pues, fundamentalmente religioso. Siendo así, la lucha entre la Revolución y la Contra-Revolución es una lucha que, en su esencia, es religiosa. Si es religiosa, si es una crisis moral que da origen a la Revolución, entonces esa crisis solamente puede ser evitada, solamente puede ser remediada con el auxilio de la Gracia.

   Es un dogma de la Iglesia que los hombres no pueden solamente con los recursos naturales, cumplir durablemente en su integridad los preceptos de la moral Católica sintetizada en la Antigua y en la Nueva Ley. Para cumplir los Mandamientos, es necesaria la existencia de la Gracia.

   Por otro lado, si el hombre cae en estado de pecado, acumulándose en él las apetencias por el mal, a fortiori no conseguirá levantarse del estado en que cayó sin el socorro de la Gracia.

   Proviniendo de la Gracia toda preservación moral verdadera o toda regeneración moral auténtica, es fácil ver ahí el papel de Nuestra Señora en la lucha entre la Revolución y la Contra-Revolución. La Gracia depende de Dios, pero sin embargo Dios, por un acto libre de su Voluntad, quiso hacer depender de Nuestra Señora la distribución de las gracias. María es la Medianera Universal, es el canal por donde pasan todas las gracias. Por lo tanto, su auxilio es indispensable para que no haya Revolución, o para que esta sea vencida por la Contra-revolución. En efecto, quien pide la Gracia por intermedio de Ella, la obtiene. Quien intente conseguirla sin el auxilio de María no la obtendrá. Si los hombres, recibiendo la Gracia, corresponden a ella, está implícito que la Revolución desaparecerá. Y al contrario, si ellos no corresponden a la Gracia, es inevitable que la Revolución surja y triunfe. Por lo tanto la devoción a Nuestra Señora la Santísima Virgen María es condición sine qua non para que la Revolución sea aplastada y para que venza la Contra-Revolución.

   Insisto en lo que acabo de afirmar. Si una nación es fiel a las gracias necesarias y hasta suficientes que recibe de Nuestra Señora, y se generaliza en ella la práctica de los Mandamientos, es inevitable que la sociedad se estructure bien. Porque con la Gracia viene la Sabiduría y con la Sabiduría todas las actividades del hombre corren por sus cauces normales.

   Eso se comprueba, en cierto modo, con el análisis del estado en que se encuentra la civilización contemporánea. Construida sobre un rechazo a la Gracia, alcanzó ciertamente algunos resultados estrepitosos que, sin embargo, devoran hoy día al hombre. En la medida en que tiene por base el laicismo y viola bajo varios aspectos el Orden Natural enseñado por la Iglesia, la actual civilización es nociva para el hombre.

   Siempre que la devoción a Nuestra Señora sea ardorosa, profunda, de rica substancia teológica, es claro que la oración de quien pide será atendida. Las gracias lloverán sobre la persona que reza a Ella devota y asiduamente. Si por el contrario, esa devoción fuere falsa o tibia, manchada por restricciones de sabor Jansenista o protestante, hay grave riesgo de que la Gracia sea dada menos abundantemente, porque encuentra por parte del hombre nefastas resistencias. Y lo que se dice del hombre se puede decir mutatis mutandis de la familia, de un país o de cualquier otro grupo humano.

   Es costumbre decir que en la economía de la gracia Nuestra Señora es el cuello del Cuerpo Místico del cual Nuestro Señor Jesucristo es la Cabeza, porque todo pasa por Ella. La imagen es enteramente verdadera en la vida espiritual. Un individuo que tiene poca devoción a Nuestra Señora es como alguien que tiene un acuerda atada al cuello y conserva apenas un hilillo de respiración. Cuando no tiene ninguna devoción, se asfixia. Pero teniendo una gran devoción, el cuello queda completamente libre y el aire penetra abundantemente en los pulmones, pudiendo el hombre vivir normalmente.

   La esterilidad e incluso la nocividad de todo lo que se hace contra la acción de la Gracia, y la enorme fecundidad de lo que se hace con su auxilio, determinan bien la posición de Nuestra Señora en ese combate entre la Revolución y la Contra-Revolución, pues la intensidad de las gracias recibidas por los hombres depende de la mayor o menor devoción que se tuviere a la Santísima Virgen María.

Papel del “Espíritu Maligno”

   Una visión de la Revolución y la Contra-Revolución no puede quedarse apenas en estas consideraciones anteriores. La Revolución no es el fruto de la sola maldad humana que le abre las puertas a la acción del demonio del cual se deja estimular, exacerbar y dirigir.

   Es pues importante considerar en esta materia la oposición entre Nuestra Señora y el demonio. El papel del demonio en la eclosión y en los progresos de la Revolución fue enorme. Como es lógico pensar, una explosión de pasiones desordenadas tan profunda y tan general como la que originó la Revolución no habría ocurrido sin una acción preternatural. Además, sería difícil que el hombre alcanzase los extremos de crueldad, de impiedad y de cinismo a los que la Revolución llegó varias veces a lo largo de su historia, sin el concurso del espíritu del mal.

   Ahora bien, ese factor de propulsión tan fuerte está enteramente  dependiendo de Nuestra Señora. Basta que Ella detone un acto de imperio sobre el infierno para que allá se estremezca todo, se confunda, se recoja y desaparezca de la escena humana. Al contrario, basta que Ella, para castigo de los hombres, deje al demonio un cierto radio de acción y esta entonces aumenta. Por lo tanto, los enormes polos de la Revolución y la Contra-Revolución que son respectivamente la gracia y el demonio, dependen del imperio y el dominio de Nuestra Señora.

La Realeza de María  

   La consideración de este soberano poder de la Virgen nos aproxima a la idea de lo que es la condición Regia de María Santísima. Es preciso no limitarnos a ver esta Realeza de Nuestra Señora como un título meramente decorativo. Aunque sumisa en todo a la Voluntad de Dios, la Realeza de Ella incluye un poder de gobierno personal enteramente auténtico.

   Tuve oportunidad de emplear cierta vez, en una conferencia, una imagen que facilita comprender el papel de Nuestra Señora como Reina.

   Imaginémonos un rector de colegio con alumnos muy indisciplinados. Entonces él los corrige con mano fuerte, autoridad de hierro. Después de haberlos sometido al orden  se retira diciéndole a su madre algo así como “sé que gobernareis este colegio de modo diferente a como yo lo estoy haciendo ahora. Vos tenéis un corazón maternal. Entonces habiendo yo castigado a estos alumnos, quiero que los gobernéis con dulzura”. Entonces esa señora va a dirigir el colegio como el rector quiere pero con un método diferente del que este usó. La actuación de ella es distinta a la de él pero no obstante esto, ella hace enteramente la voluntad del rector.

     Ninguna comparación es exacta. Sin embargo me parece que bajo cierto aspecto esta imagen nos va ayudar a entender el asunto.

   Análogo es el papel de Nuestra Señora como Reina del Universo. Nuestro Señor le dio un poder Real sobre toda la creación, cuya misericordia, sin llegar a ninguna exageración, alcanza todos los extremos. Dios la colocó como Reina del Universo para gobernarlo, y especialmente al pobre género humano decaído y pecador. Y es voluntad de Dios que Ella haga lo que Él no quiso hacer por sí mismo sino por medio de María, regio instrumento de su Amor. Hay pues un régimen verdaderamente marial en el gobierno del universo. Y así se ve cómo Nuestra Señora, aun cuando sumamente unida a Dios y enteramente dependiente de Él, ejerce su acción a lo largo de la Historia. La Santísima Virgen es infinitamente inferior a Dios, eso es evidente, pero Él le quiso dar ese papel por un acto de liberalidad. Es Nuestra Señora la que, ora distribuyendo más abundantemente la Gracia, ora menos, frenando ora más u ora menos la acción del demonio, ejerce su Realeza sobre el curso de los acontecimientos terrenos. En ese sentido depende de Ella la duración de la Revolución y la victoria de la Contra-Revolución. Además de eso, a veces Ella interviene directamente en los acontecimientos humanos, como lo hizo por ejemplo en Lepanto. ¡Cuán numerosos son los hechos de la Historia de la Iglesia en que quedó clara su intervención directa en el curso de las cosas! Todo esto nos hace ver de cuántos modos es efectiva la Realeza de Nuestra Señora.

   Cuando la Santa Iglesia canta refiriéndose a la Virgen “Tú Sola exterminaste las herejías del universo entero”  esta diciendo que el papel de Ella en ese exterminio fue en cierto modo único. Y eso equivale a decir que Ella dirige la Historia, porque quien ha dirigido el exterminio de las herejías, dirige el triunfo de la ortodoxia, y dirigiendo una y otra cosa, dirige la Historia en lo que ella tiene de más medular.

   Habría un trabajo de Historia interesante por hacer, demostrando que el demonio comienza a vencer cuando consigue disminuir la devoción a Nuestra Señora. Eso se ha dado infaliblemente en todas aquellas épocas de decadencia de la Cristiandad, en todas las victorias de la Revolución. Ejemplo característico es el de Europa antes de la Revolución Francesa: La devoción a Nuestra Señora en los países católicos fue prodigiosamente disminuida por el Jansenismo, y fue por eso que estos países quedaron convertidos en una especie de bosque seco donde una simple chispa prendió fuego en todo.

   Estas y otras consideraciones sacadas de las enseñanzas de la Iglesia, abren perspectivas para el Reino de María, esto es, una Era histórica de Fe y de Virtud que será inaugurada con una victoria espectacular de Nuestra Señora sobre la Revolución. En esa Era el demonio será expulsado y volverá a los antros infernales, y Nuestra Señora reinará sobre la humanidad por medios de las instituciones que para eso Ella escogió.

Reino de María y unión de almas

   En cuanto a esa perspectiva del Reino de María, encontramos en la obra de San Luis María Grignion de Montfort algunas alusiones dignas de nota. Este santo es sin duda un profeta que anuncia esa venida. De eso habla expresamente: “¿Cuándo vendrá ese diluvio de fuego, de puro amor que debéis encender sobre toda la tierra de manera tan dulce y tan vehemente que todas las naciones, los Turcos, los idólatras, los propios judíos, se abrasarán en él y se convertirán?” (“Oración abrasada”,pag.600,BAC). Ese diluvio que va a lavar a la humanidad, inaugurará el Reino del Espíritu Santo que San Luis María identifica propiamente con el reino de María. Nuestro santo afirma que va a ser una Era de florecimiento de la Iglesia como hasta entonces nunca hubo. Llega incluso a afirmar que “el Altísimo junto con su Madre, deben formar grandes santos que sobrepasarán en santidad a la mayoría de los otros santos, como los cedros del Líbano sobrepasan a los pequeños arbustos” (“Obras de San Luis María Grignion de Montfort,Pág. 464,BAC)

   Considerando los grandes santos que la Iglesia ya produjo, quedamos deslumbrados con la consideración de la envergadura de esos que surgirán con el aliento de Nuestra Señora. Nada es entonces más razonable que imaginar un crecimiento enorme de la santidad en una Era histórica  en que la actuación de Nuestra Señora aumente también prodigiosamente. Podemos pues decir, que San Luis María Grignion de Montfort con su valor de pensador, pero sobre todo con su autoridad de santo canonizado por la Iglesia, da peso, autoridad, consistencia, a las esperanzas que brillan en muchas revelaciones particulares, de que vendrá una época en la cual Nuestra Señora verdaderamente triunfará.

   La Realeza de Nuestra Señora, aun cuando tenga una soberana eficacia en toda la vida de la Iglesia y de la sociedad temporal, se realiza en primer lugar en el interior de las almas. De ahí, desde el santuario interior de cada alma, es de donde esa Realeza de María se refleja sobre la vida religiosa y civil de los pueblos en cuanto considerados como un todo.

   El Reino de María será pues una época en que la unión de las almas con la Santísima Virgen María Nuestra Señora, alcanzará una intensidad sin precedentes en la Historia (excepción hecha, claro está, de casos individuales)  

Los Esclavos de María

   ¿Cuál es la forma de esa unión en cierto sentido suprema? No conozco medio más perfecto para enunciar y realizar esa unión, que la Sagrada Esclavitud a Nuestra Señora, como es enseñada por el mismo San Luis María Grignion de Montfort en el TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN.

   Considerando que Nuestra Señora es el camino por el cual Dios vino a los hombres y estos van a Dios, y al mismo tiempo considerando la Realeza Universal de María Santísima, nuestro santo recomienda que el devoto de la Virgen se consagre a Ella enteramente como esclavo. Esa consagración es de una radicalidad admirable. Ella abarca no solamente los haberes materiales del hombre, sino también hasta el mérito de sus buenas obras y oraciones, su vida, su cuerpo y su alma. Es una esclavitud sin límites porque el esclavo por definición nada tiene suyo.

   A cambio de esa consagración, Nuestra Señora actúa en el interior de su esclavo de modo maravilloso, estableciendo con él una unión inefable.

   Los frutos de esta unión se verán en los Apóstoles de los Últimos Tiempos, cuyo perfil moral San Luis María traza a fuego en su famosa “Oración Abrasada”. Él usa para esto un lenguaje de una grandeza verdaderamente apocalíptica en el que parece revivir todo el fuego de un San Juan Bautista, todo el clamor de un San Juan Evangelista, todo el celo apostólico de un San Pablo de Tarso. Los varones portentosos que lucharán contra el Espíritu de las Tinieblas por el reino de María -conduciendo gloriosamente hasta el fin de los tiempos la lucha contra el demonio, el mundo y la carne- San Luis María los describe desde ya como magníficos modelos que invitan a la perfecta esclavitud a Nuestra Señora a todos aquellos que en los tenebrosos días de hoy luchan en las filas de la Contra-Revolución.

   Así, con estas consideraciones sobre el papel de Nuestra Señora en la lucha de la Revolución y la Contra-revolución, y sobre el Reino de María -visto todo según el “Tratado de la Verdadera Devoción”- creo haber enunciado los principales puntos de contacto entre la obra prima del gran Santo y mi ensayo -tan empequeñecido por la comparación- “Revolución y Contra-Revolución”.