Natividad de María
Actualizado (Miércoles, 31 de Diciembre de 1969 15:59) Escrito por TFP Miércoles, 08 de Septiembre de 2010 15:31
En la Natividad de la Virgen María
Bella festividad que conmemora la Santa Iglesa Católica el 8 de septiembre de todos los años con misa especial incluida. De la Santísima Virgen, tan aclamada por san Bernardo de Claraval, san Luis Máría Girgnión de Montfort, san Alfonso María de Ligorio y tantos otros hombres de Dios, bien puede repetirse lo que en la meditación de la Cuarta Estación del Viacurcis dijo el Dr.Plinio publicada en "Legionario" en abril de 1.943, periódico de la Arquidiócesis de Sao Paulo : "Todo cuanto de Ella sabemos, es que, por más que de Ella sepamos algo, de Ella jamás sabremos todo, tal es el océano inconmensurable de perfecciones y de gracias que Ella contiene".
Para consuelo y esperanza de muchos que gimen hoy en este mundo contemporáneo llevados del pánico por el recuerdo de sus faltas, también Dr. Plino cementaba un día ante un auditorio: "Si el pecado es un gran mal, peor que él en sí mismo -decía San Francisco Javier- es la pérdida de la confianza en Dios y Nuestra Señora de parte del pecador. Tal estado de espíritu proviene, frecuentemente, de las infidelidades crónicas, de las faltas cometidas en el pasado, de la insatisfacción consigo mismo.
En esas condiciones, la persona puede pensar: "Soy tan malo, pequé tanto y, además me siento tan mediocre y sin ningún valor, que tengo miedo de acercarme a Nuestra Señora para pedirle auxilio".
Comportarse así es como si uno de aquellos diez leprosos que fueron a pedirle la curación a Nuestro Señor, se dijese antes a sí mismo: "Estoy tan leproso que no tengo coraje de pedirle esto". Y, por causa de este temor, no buscase a Jesús. Resultado: ¡Nunca recuperaría la salud del cuerpo! Lo correcto sería pensar: "Estoy tan necesitado de este milagro, que la única salida, es pedirlo con todo empeño".
Nuestras miserias también son una razón especial para que recurramos a Nuestra Señora,así como la lepra para aquellos hombres. Y por mayor que sea el horror que tengamos a nuestros pecados y defectos interiores, no deja de ser verdad que, levantando los ojos a María, Ella nos atenderá.
Roguemos pues a Nuestra Señora Auxiliadora la gracia de esa inconmovible confianza en su celestial socorro, y constataremos cómo Ella es, hasta un punto inimaginable, nuestro refugio y amparo". PLINIO CORREA DE OLIVEIRA.




