Salvado en la Esperanza

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“Spe Salvi”: la Esperanza lo liberó     

     El llamado “Estado vegetativo”, “Muerte cerebral” o “Estado comatoso”,  que en el mundo de la medicina ha ido cobrando fuerza y suficiencia, se ha visto cuestionado con el caso del belga  Rum Houben que la semana pasado, gracias a un chequeo médico cuidadoso de parte de un profesional  admirable por la fidelidad a su vocación, terminó comprobando que el paciente estaba consciente aunque encerrado “vivo” dentro de su propio cuerpo. 

       La noticia puede ser una llamado de la Divina Providencia a la humanidad entera, para que los seres queridos, los parientes, los verdaderos amigos y los profesionales de la medicina, insistan en cuidar de sus enfermos y dolientes con el celo y el amor de los padres de este joven que en cinco oportunidades lo trasladaron a USA e perseveraban confiadamente  en mantenerlo en el estado en que estaba porque nunca perdieron la esperanza.  

      Run Houben, belga de nacimiento había sufrido en un accidente automovilístico brutal  a la edad de 23 años, y justamente tras 23 años de postración silenciosa, vuelve a poder comunicarse con el mundo externo, aunque sea de manera precaria: pero está vivo y está consciente.   

      La Iglesia Católica no está equivocada en su insistencia en defensa de la vida. Y mantendrá esta posición por inspiración del Divino Espíritu Santo. Cargar con la cruz de nuestros enfermos, viejos y niños que necesiten cuidados especiales y amor, es el mandato divino, el ejemplo de Nuestro Señor y la única vía de la verdadera solidaridad humana, de la filantropía o de la caridad cristiana, o como la quieran denominar. Pero no podemos olvidar que la especie humana no es una manada animal que va dejando atrás abandonados sus individuos envejecidos y lisiados.