Beata Laura
Actualizado (Jueves, 29 de Octubre de 2009 14:49) Escrito por TFP Lunes, 27 de Abril de 2009 17:47
“Destrúyeme Señor, y sobre mis ruinas, levanta un monumento a tu Gloria”
Hmna. Laura. 
Un 21 de octubre de 1.949 tras una larga y penosa agonía que purificaría sus obras e intenciones en esta vida, la Madre Laura de Santa Catalina de Siena entregaría a Jesucristo su alma a la edad de 75 años ya cumplidos. Fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 25 de abril del 2004 y quiera Dios Nuestro Señor que la tengamos en la gloria de los altares bien pronto, a fin de que se convierta en una gran intercesora del pueblo colombiano ante el Padre Eterno.
Hija y huérfana de la violencia política radical, que asesinó a su padre por ser católico y dejó en la casi indigencia a su familia, la beata Laura es el modelo de una típica mujer colombiana de pura cepa, aguerrida, inteligente y tierna, capaz de emprender una fundación misionera que hizo y hace historia en la santa Iglesia de Cristo; y que desde su dolor de infancia y juventud llenas de humillaciones, no nació un berrido de rencor y odio sino un manantial perfumado de amor de Dios verdadero.
Se nos agotan las palabras para intentar valorar la obra de esta gran mujer que junto con el beato Padre Marianito espera el reconocimiento de que está en el Cielo.
Como no bastó el ejemplo edificante que dio entre sus más allegadas colaboradoras y entre todos aquellos que la conocieron de cerca, están sus escritos hoy minuciosamente analizados en el Vaticano y a la espera de la intervención milagrosa de que ella confirme su santidad para que sea inscrita en el catálogo de los canonizados por la Iglesia. La impresionante expansión de la obra de la Madre Laura por el mundo, sería suficiente para confirmar que ciertamente ha habido en esa labor misionera un carisma del Divino Espíritu Santo, pues hoy las “Lauritas” como se las conoce, tienen más de ciento sesenta casas en 20 países, todas dedicadas al apostolado con indígenas, negros y marginados. Cabe recordar hoy, junto a estas continuadoras de la obra de la Madre Laura, las palabras de de Juan XXIII cuando fue exaltado al Trono de San Pedro, y afirmó que él pretendía “transmitir pura e íntegra la Doctrina sin subterfugio o mitigaciones”. Estas palabras han sido recordadas recientemente por el Prefecto de la Congregación para los Institutos de la Vida Consagrada, Card. Rodé ante los superiores de las órdenes religiosas norteamericanas: “La vida religiosa, siendo un don del Divino Espíritu Santo para el religioso y para la Iglesia, depende especialmente de la fidelidad al fundador y al carisma particular".




