Asesinato de sacerdotes

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Otro sacerdote asesinado    

    Con el reciente homicidio del Padre Gualberto Oviedo Arrieta el pasado lunes 12 de septiembre de este año, asciende a seis el número de sacerdotes asesinados en Colombia en este año 2011, “una cifra altamente preocupante, que manifiesta el estado de violencia y de deterioro moral que vive nuestra sociedad” afirmó monseñor Juan Vicente Córdoba, secretario general del episcopado. Según cifras de la Conferencia Episcopal de Colombia, entre 1984 y septiembre de 2011, en el país han sido asesinados dos obispos, 79 sacerdotes, ocho religiosas y religiosos, y tres seminaristas.  

   El padre Oviedo de 34 años de edad, asesinado de un brutal machetazo en la cabeza, era el párroco de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Capurganá en el Urabá antioqueño.  

   No se comprende que esté sucediendo esto en una nación católica como la nuestra, a no ser la deterioración moral inconmensurable a que está llegando un pueblo, desedificado por el mal ejemplo y el extravío moral.  

   El relativismo que recientemente criticó con vehemencia Su Santidad el Papa Benedicto XVI, tiene mucho que ver en este gravísimo asunto. El colombiano promedio ya no sabe bien lo que es correcto o incorrecto. Perdió la noción del bien y del mal. A diario recibe -también en las aulas de la supuesta educación- conceptos errados de ética y moral. Ausencia alarmante de formación doctrinal. Las prácticas piadosas se han ido limitando a lo meramente sensible e incluso lúdico. De seguir así, no hay duda que el desenlace será fatalmente no solo una ola de criminalidad y violencia incontenible, sino de una sevicia sanguinaria, que solamente pensarlo pone los pelos de punta. Desdichadamente ya hemos dado prueba de lo que somos capaces cuanto se nos sueltan la marras de los principios y el temor de Dios. Ahí están el bogotazo y los años de violencia innominable que le siguieron incluyendo los días de hoy. La intercesión de María Santísima y la guarda en el Sagrado Corazón de Jesús van a ser el único refugio en este mata-mata que se insinúa diabólicamente.

   De nada nos va a servir bonanzas petroleras, comercio exterior regularizado y bolsas de valores estabilizadas si el hombre nacional esta profundamente pervertido por el afán intemperante de lucro a cualquier precio y placeres mundanos envilecedores. El país necesita ahora una super-estratégica campaña re-educadora con la participación de todos los sectores públicos y privados y una cuota de mortificación y renuncias personales al goce de la vida, para evitar el diluvio de sangre, odio, rencor y resentimiento que nos amenaza con la fuerza de un tsunami sencillamente arrasador.