Encíclica del Sumo Pontífice

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Encíclica del Sumo Pontífice

       

   "Spe Salvi", la segunda Encíclica de Su Santidad Benedicto XVI, publicada para este tiempo de Adviento es un documento que sale al encuentro de los problemas contemporáneos más sentidos sobre todo entre la juventud perdida de este siglo. "El elemento distintivo de los Cristianos -dice el Papa- es el hecho de que saben que tienen futuro y su vida no acaba en el vacío". En otro aparte dice que llegar a conocer al Dios, al Dios verdadero, es lo que propiamente significa Esperanza. El Papa recuerda que Jesús no trajo al mundo una propuesta o mensaje de contenido social y revolucionario como en su tiempo lo hiciera el famoso ESPARTACO ni era un combatiente por la libración política como algunos caudillos judíos tambien de fama. Lo que Jesús nos trajo fue la esperanza de encontranos algún día con el Dios Vivo. Encontrarnos "con una esperanza más fuerte que los sentimientos de la esclavitud, y que por ello transforma desde dentro la vida y el mundo". El Papa nos dice que Jesús es "el verdadero filósofo" que nos indica "quién es en realidad el hombre y qué debe hacer para ser verdaderamente hombre". Para un mundo que todavía hoy busca desesperadamente guías espirituales y gurús para orientar su vida, la nueva encíclica de Benedicto XVI es definitivamente el camino de la esperanza. "Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha ...cuando ya nadie puede ayudarme, Èl puede ayudarme" 

En otro de sus puntos fundamentales el Papa nos dice unas bellas palabras sobre el significado del sufrimiento para el mundo de hoy : "Conviene ciertamente hacer todo lo posible para disminuir el sufrimiento, sin embargo lo que cura al hombre no es esquivarlo sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo que ha sufrido con amor infinito". Acerca de la justicia el santo Padre nos indica algo que hace mucho tiempo no se recordaba a la humanidad afligida de nuestros días : "Al final, los malvados, en el Banquete Eterno, no se sentarán indistintamente a la mesa junto a las víctimas, como si no hubiera pasado nada".