Mariscal Foch: Dignidad y recogimiento de verdadero Jefe (III)

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

MARISCAL FOCH: Dignidad y recogimiento de verdadero Jefe  

Plinio Correa de Oliveira  

En esta tercera entrega del artículo del General Weygand acerca de su superior, el Mariscal Foch, Dr. Plinio reflexiona sobre las capacidades que debe poseer un hombre de mando, útiles también para la vida espiritual y la lucha diaria del Católico.   

***************


mariscal
Saber cuándo estar acompañado y cuando estar solo para reflexionar mejor. Saber elevarse desde las cosas más sencillas de la vida a las más altas esferas del pensamiento. Saber aprovechar las relaciones humanas sin dejarse desviar por ellas. Saber cuándo reposar y cuándo trabajar con ardor, eran cualidades del Mariscal Foch.

En la exposición anterior conocimos a un Foch amante de la calma y de la serenidad imperturbables, cuya vida cotidiana con su Estado Mayor transcurría regularmente en medio de la guerra. Lo habíamos dejado entonces en el momento de su rutinario paseo después del almuerzo.

El artículo del General Weygand prosigue así : “Cuando el lugar de nuestra residencia es una aldea en una casa aislada, salimos a pie. Si es una pequeña ciudad como Cassel o Senlis, un automóvil nos lleva fuera del perímetro urbano o a un bosque vecino".

O sea, Foch gustaba pasear por el campo, evitando las aglomeraciones de gente, incluso las pequeñas, donde su presencia pudiera dar pie a conversaciones y encuentros que pudieran trastornar su tan apreciada calma.

"Esas salidas son una verdadera distensión. Si el suelo no está demasiado mojado, el General camina a través de los campos y de los bosques, con su elástico paso muy característico de los habitantes de los Pirineos, interesándose por todas las cosas de la naturaleza y de las plantaciones. No pierde una sola ocasión de entretenerse con los cultivadores que encuentra preguntándoles respecto al estado de sus cosechas, sus esperanzas y sus dificultades".

En ese momento él no está pensando en la guerra. Observa los árboles, una flor, un bichito, se interesa por la condiciones de la labranza y se entretiene con breves diálogos con los campesinos. Esto, es un prodigio de distancia psíquica (1).

"Le agrada a mi General, sobre todo en vísperas de operaciones ofensivas, hacer hablar a los campesinos de las previsiones de ellos sobre el tiempo, cuya influencia puede llegar a pesar mucho en una preparación de artillería".

Conozco personas que, por ejemplo dirigiendo automóvil, buscando una dirección, sienten gusto de no consultar a ninguno de sus acompañantes prefiriendo rodar, gastar combustible y agotar paciencia, intentando por cuenta solamente de ellos adivinar el sitio. El gran Mariscal Foch no se comportaba nunca de esa manera. Gustaba de conversar con lo campesinos sobre el buen tiempo y sobre la lluvia, gustaba aconsejarse, recibir informaciones, etc.

"En la conversación, que jamás es cansona o pesada durante el paseo, el General aborda de manera espontánea muchos asuntos. Me hablará con mayor confianza en la medida que me conozca más y mejor, respecto a su infancia, su juventud, su familia, su casa de campo en Bretaña. También me indagará sobre mi pasado, mis familiares, mis preferencias".

Era por lo tanto una conversación auténticamente distensiva. En la que él se complacía oyendo a su interlocutor. Muy al contrario de algunos espíritus que no saben escuchar sino solamente hablar, Foch se entretenía con las opiniones de los campesinos, con la reminiscencias de su Jefe de Estado Mayor, etc.

"Fue así que lo seguí por las escuelas de las ciudades donde la carrera administrativa de su padre lo condujo hasta llegar al colegio san Clemente de Metz. Fue a lo largo de esos paseos que yo -sin haberme encontrado con ninguno de ellos- conocí a todos los miembros de su familia. Me habló muchas veces de su hijo y me dio consejos que fueron preciosos para la educación de uno de los míos".

"Le agradaba igualmente al General hablar frecuentemente de su propiedad de Trofeunteuniou en el Finisterre. Él adquirió ese solar 25 o 30 años atrás, atraído a La Bretaña por la propia Sra. Foch, originaria de Saint-Brieuc".

Conviene observar aquí cómo un gran hombre es aquel que no vive a toda hora haciendo filosofía sino el que sabe tratar del relacionamiento humano y otras cosas comunes sin dejarse envolver en ellas para tornarse una persona rasa y banal, sino que de las cosas menudas de la vida se eleva con sus comentarios a las más altas esferas del pensamiento.

"Excepto dos alamedas centenarias de árboles nativos, los bosques no existían cuando el se hizo propietario del inmueble. Él mismo los había plantado y hablaba con amor de los grandes árboles que comenzaban a crecer. Cuando después de la guerra hice mi primera visita a Trofeunteuniou, no me asombré con nada puesto que ya conocía lo que estaba viendo".

Se nota aquí la precisión con que Foch comentaba su propiedad a tal punto que Weygand ya la daba por conocida antes de verla personalmente.

"Si por el contrario, una visita a un cuartel general era prevista para el período de la tarde, el General pasaba rápidamente por el Estado Mayor a fin de asegurase de que nada lo retendría allá y nos poníamos en camino inmediatamente. Yo lo acompaño siempre y asisto a todas sus conversaciones con los comandantes del ejército, grupos y divisiones".

Quiere decir que Foch tomaba todas las previsiones del caso necesarias antes de ausentarse y no salía disparado como un huracán irreflexivo. De otro lado se ve que Wygand estaba a la par de todo lo que pasaba entre el Mariscal y los comandantes del Ejército aliado, eso para poder asesorar bien a su jefe.

"Debido a la extensión de los frentes de combate, esas giras se llevaban más o menos toda la tarde. La voz de orden era no perder tiempo, por eso nos desplazábamos muy rápido, a unos 80 kms. por hora si el camino lo permitía. Era una buena velocidad para la época. El carro del General era un notable Rolls Royce, solicitado al inicio de la guerra, en el momento que salía de la fábrica. Estaba destinado al representante de una gran firma alemana, su fabricación había sido particularmente cuidadosa".

Foch no usaba un jeep cualquiera sino un Rolls Royce “notable” que le proporcionara confort en los desplazamientos por los frentes de combate. Era pues, como se percibe, una prolongación del mismo confort que él procuraba mantener en las horas de refección, de descanso y de trabajo, etc. Todo hecho con dignidad, procurando siempre lo que favoreciese el raciocinio y las elucubraciones que exige la guerra.

"Un carro de apoyo nos sigue siempre para hacerle frente al alguna “varada” larga. En caso de un pequeño incidente o de un neumático qué cambiar, los equipos de los automóviles se ponen a trabajar mientras nosotros tomamos la delantera a pie".
Eso era para ganar tiempo, ir pensando y hacer de paso un poco de ejercicio.

"Esos mecánicos son tan hábiles y experimentados que ni alcanzamos a desplazarnos un kilómetro a pie cuando ya somos alcanzados por los carros".

Como se ve Foch no se preocupaba por dirigir los mecánicos como lo hace un jefe de quinta categoría que manda en todo a los gritos : “!Fulano apriete este tornillo, verifique si quedó bien ese asunto!”. Foch deja que los entendidos hagan las debidas reparaciones. Habiendo entonces necesidad de hacerle alguna reparación al carro, el Mariscal se aparta y se pone calmadamente a caminar sin ostentación; él sabe bien que cada uno debe hacer los que le compete porque la recíproca de un jefe militar metido a mecánico sería la de un mecánico metido a consejero militar. Esto sería una completa inversión de valores.

"Durante esos trayectos ya no hay lugar -al contrario de lo que acontecía en los paseos- para otros asuntos sino los relacionados con la tarea".

Foch se desplazaba entonces con la firme determinación de hacer lo debía hacer en relación a la guerra. Nada de conversaciones supérfluas.

"La recreación había terminado. Ora el General piensa en voz alta, ora queda en silencio por largos momentos, ora formula una cuestión, pide una opinión o vuelve nuevamente a sus meditaciones".

Interesante observar que este “pensar en voz alta” es la forma como el Mariscal cualifica su confianza en Weygand. Feliz el estilo de relaciones en que el jefe puede pensar en voz alta delante de sus subalternos. Entre tanto él tenía el cuidado de halagar a su ayudante, y por eso hacía silencios, formulaba una pregunta, pedía una opinión, etc., sin considerarse un “sabe-lo-todo” que no necesita sugerencias de nadie. Tras una pausa, el Mariscal se recoge en sus elucubraciones.

"En los días en que no salimos del Cuartel General, el trabajo se reinicia después del paseo; sin embargo, el general, más que por la mañana, gusta de quedar solo".

O sea, por la mañana él casi recibía solamente a Weygand, y en la tarde prefería quedar solo. Ese es un verdadero jefe.

"Es, dígase de paso, el momento en que frecuentemente los visitantes se presentan. Pero nunca pasó una hora sin que yo tuviera que comparecer ante él, fuera a su llamada o por mi propia iniciativa para presentarle un documento o hacerle un relato, pues el general exige ser puesto al tanto de todo inmediatamente. Al final del día el General recibe los oficiales de conexión que regresan de misiones externas".

Eran los oficiales que se dirigían a los varios fronts y regresaban con noticias. Foch los atendía al final del día para no obstaculizar el trabajo habitual.

"La refección nocturna fijada para las 19:00 horas, interrumpe las labores que se reinician a las 20:00 horas. A partir de ese momento comienzan a llegar de los ejércitos los informes de fin de jornada, o el jefe del 2º. Despacho (que es el de espionaje) viene presentarle al general la síntesis de los acontecimientos del día".

Cada día constituye un todo. Después de la comida, él ya tenía una visión arquitectónica del conjunto. Para dormir pensando en el asunto más importante, Foch requería tranquilidad; por eso su residencia se situaba distante de las carreteras con mucho movimiento automotor.

"A las 23:00 exactamente, una vez dadas las órdenes y hechas las previsiones para el día siguiente, el General termina su jornada. Realizado el trabajo, toma su reposo cuando ve que no es necesaria su presencia en alguna reunión. Sus noches son siempre buenas y pueden ser recortadas como por ejemplo cuando la batalla de Yprés o lo que fue la ofensiva alemana con las bombas de gas".

O sea apenas en ocasiones en que hay grandes lances bélicos.

"Antes de retirarse a su dormitorio el General entra a mi despacho y se dirige a mi más o menos en los siguientes invariables términos : Buenas noches Weygand. Me voy a acostar. Le recomiendo hacer ya lo mismo. Invariablemente también yo me pongo de pie en el acto, casi siempre le deseo una buena noche, respondo afirmativamente a su convite para irme a reposar y me vuelvo a sentar un rato más pues es la hora esperada por mis subalternos en que les debo pertenecer el tiempo que requieran a fin de tratar asuntos que no pudieron ser examinados durante el día. Es del mismo modo el momento de poner en orden el diario de campaña".

Quiere decir que después de que Foch se retira, Weygand hace su trabajo específico. Hasta ese momento el obedecerá. Ahora será verdaderamente el Jefe del Estado Mayor. En vista de esto alguien podría tal vez decir que la vida de Foch es más holgada que la de Weygand. No. Pues la existencia más ardua nos es la del que duerme menos sino de quien piensa más y carga las mayores responsabilidades. Y esa era la del Mariscal Foch. Luego era natural que su reposo fuera más prolongado.

(1) Expresión acuñada por Dr. Plinio para indicarle a las nuevas generaciones la serena presencia de espíritu que se notaba en las personas de generaciones anteriores sobre todo cuando estaban en circunstancias adversas.