Mariscal Foch : Serenidad imperturbable con su Estado Mayor (II)

Actualizado (Lunes, 27 de Abril de 2009 12:08) Escrito por Plinio Correa de Oliveira Martes, 30 de Enero de 2007 00:00

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Mariscal Foch : Serenidad imperturbable con su Estado Mayor (II)

 Plinio Correa de Oliveira 

En esta segunda entrega, Dr. Plinio comenta la tranquilidad del General ante los resultados de las batallas y tanto la docilidad como la rapidez de sus subalternos para atender sus indicaciones que ellos aceptaban sin vacilación dada la admiración y confianza en su superior.

 

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marsical

Foch -al centro- con parte de su Estado Mayor impregnado de la calma del General

Prosiguiendo la lectura del artículo del General Weygand acerca del Mariscal Foch, relata aquel que : “Era frecuente que yo fuese cogido por esta frase: He aquí lo que pensé mientras me afeitaba”.
Se comprende con esto por qué Foch deseaba una vida sosegada en medio de la guerra : ¡Para poder pensar en ella mientras se afeitaba! Este es un hombre de pensamiento. ¡Cuánta diferencia con esos espíritus eléctricos, tan de moda hoy, cuya existencia transcurre muchas veces ajena al hábito de reflexionar!
Prosigue el articulista : “Después de haber expuesto su pensamiento, el General agregaba, conforme al caso : Hablemos de eso o Piense en eso. La idea pude ser totalmente nueva para mi, o relacionarse con el desenvolvimiento de un trabajo en vías de realización, o un proyecto ya visualizado”.

Una de las mayores aflicciones de cierto tipo de subordinados consiste en tener que adaptarse a su superior. Con esto yo sé que coloco a prueba a varios de mis colaboradores inmediatos cuando, en una conversación cualquiera, yo lanzo una idea nueva. Algunas veces se nota que uno de ellos, aunque no lo demuestre, siente en el alma una contracción ya que aquella nueva idea va a obligarlo a cambiar sus planes y perspectivas, tal vez elaborados con cierta dificultad. En el fondo, esa reacción es causada por inseguridad o por pereza, que podría expresarse de la siguiente manera : “¿Cómo? Maduré su idea anterior, hice mil proyectos e incluso ya comencé a ejecutar algunos de ellos. Ahora me viene con otra completamente diferente, más amplia y complicada, exigiéndome otros estudios. No soporto ese sistema”.

Weygand da entender que en él hay madera para todo, es decir que está dispuesto a seguir las indicaciones de Foch sin titubear. Se trata de un estilo de colaboración “planeta-satélite”(1).

En ese sentido creo no cometer ninguna descortesía diciendo que algunos católicos no son, en relación con sus ideales, como Weygand. Es verdad que hoy día el fenómeno “generacionovismo”(2) es un obstáculo; sin embargo los que se entregan a un ideal deben admirarlo y amarlo. Y contando con la ayuda de la Virgen, hacer un esfuerzo permanente para asimilarlo y practicarlo. Esto implica crearse a sí mismo la necesidad de adatarse siempre a su superior para servir bien al ideal.

Continua Weygand : “Esto demuestra que frecuentemente debo pasar, al comienzo del día, un tiempo bastante largo con el General, a veces hasta varias horas. Algunos días, si la materia es menos fecunda, o él quiere disponer de su tiempo para un trabajo personal, o incluso si un visitante nos interrumpe, puedo volver más rápidamente a mi despacho. Sin embargo no es raro que, después de un momento, el General aparezca en el marco de la puerta y me llame con un gesto de su mano derecha, al tiempo que, con un gesto inverso de su mano izquierda detiene el intento de movimiento de mi interlocutor”.

Esto quiere decir que si en ese momento está presente un interlocutor de Weygand que desease hablar con el Mariscal para, por ejemplo, contarle la última noticia, Foch le hacía una especie de señal roja para evitar que le perturbaran su recogimiento espiritual.

De paso quiero hacer notar que este artículo está muy bien redactado en francés literario para quien quiera atrapar las enseñanzas que contiene.

“En tal caso, al menos una indicación raramente dada, nunca sé cuánto tiempo yo permaneceré en el despacho de mi jefe. Puedo decir en vía de regla que la mayor parte de mi mañana, si no mi mañana entera, le pertenece”.

Se percibe aquí el satélite que da su tiempo al planeta y no siente afán por volver a su despacho para reinar sobre sus subalternos. Muy por el contrario, Weygand acepta pacientemente ser súbdito durante el tiempo que fuere necesario. Este es un ejemplo que ilustra bien la relación planeta-satélite.

Dignidad y precisión militares
“La mesa del General, su alimentación diaria, está siempre instalada en la casa donde él habita”. Esto sencillamente quiere decir que nada de refecciones improvisadas en el despacho, sistema “sánduches” …

“Además de los oficiales ligados a su persona y cargo, los comensales habituales del General son : el Jefe del Estado Mayor, el Comandante Desticker, así como Tardieu y Réquin, los oficiales del período heroico del Marne. La refección, sin ser precipitada, no dura sino el tiempo necesario”.

Por lo tanto, nada de afanes por creer que el enemigo está llegando. Acabar de comer calmadamente y en seguida regresar al trabajo.

“La alimentación es sustanciosa, el servicio es digno pero no rebuscado”.

Destaco la palabra “digno”, esto es, a la altura de un (hasta entonces) General de Francia. La alimentación es buena pero sin delicias. Estas son apropiadas a las fiestas y no a lo cotidiano de una guerra pues crearían la apetencia de la pereza, del no-esfuerzo y del miedo. En otras palabras, inutilizarían el hombre para el combate.

“La exactitud impuesta por el General a sus comensales se hizo legendaria. Se cuenta que cuando yo llegaba atrasado debía tomar la refección en una mesita aparte. Esto es inexacto porque ni yo ni cualquiera de los oficiales que tenían la honra de estar a la mesa, nos permitimos jamás un atraso”.

Notemos la ufanía de Weygand al contar que obedecía a Foch. Véase la diferencia en relación a cierto tipo de personas que se vanaglorian de no someterse a sus superiores.

“Por más tensa que sea la situación, los horarios no son modificados. Cuando las circunstancias lo exigen, la refección se hace en algunos minutos y se retorna inmediatamente al trabajo”.

Por lo tanto no se puede ser “cuadrado”. Cuando las circunstancias lo exigen -llamo la atención para el verbo “exigir”- se come deprisa. (En el comedor de siempre y a la misma hora).

“Y nunca una crisis, cualquiera que sea su gravedad, modifica la vida reglamentada. Esta regularidad, aliada a la calma imperturbable de nuestro jefe, crea una atmósfera de bienhechora confianza y serenidad que llama la atención de otros oficiales que durante períodos muy movidos llegan a nuestro Estado Mayor”.

Weygand hace un elogio más de Foch : Hombre imperturbable. Y destaca cómo la regularidad y la calma generan un clima de confianza y serenidad, condición esencial para realizar un trabajo serio. O, mucho más que eso, una lucha seria. Porque luchar es más que trabajar. Más que luchar es pensar. Y más que pensar es rezar.

“El General Foch posee un excelente apetito. La refección transcurre sin constreñimientos. El General proscribe de ella asuntos de servicio …"

O sea, es prohibido aprovecharse del almuerzo o de la comida para hacer una pregunta o dar una información que no se pudo presentar en su momento. En las refecciones no se habla de servicio. Considérese que en este caso el servicio es la guerra : el mundo está explotando, Francia se está rompiendo. Pero, a la hora de comer, no se habla de batallas …

"... pero deja mucha libertad para conversar, si bien que en ella no tolere ni inmoralidad ni maledicencias”.

¡Qué postura espléndida! Y tan distinta de la que se encuentra en ambientes de barraca!

“Su verba borbollante reanima la conversa cuando se hace necesario. Con una palabra reenciende la charla pues conoce el lado pintoresco de las personas y de las cosas, y lo expresa de forma graciosa pero nunca malevolente. En las horas graves, en las que es preciso más que nunca hablar de asuntos preocupantes, el menú sirve de materia un tanto artificial para esa vivacidad que nos esforzamos por mantener”.

Verba y prosa animada. Un hombre que es General, sobre cuyos hombros pesan los destinos del mundo, en la horas de refección tiene una prosa borbollante! Se trata de una persona de categoría. Sabe con sus palabras dar un toquecillo, proferir un dicho gracioso, sin que esto signifique maledicencia sino un condimento para que la conversación se mantenga animada.
Y como no se debe hablar de la gravedad de la situación, muchas veces falta tema. Entonces comentan el menú y todos ayudan a sustentar una conversación ligera porque es hora de la refección. Así proceden, no para gozar la vida como Pachás o sibaritas inconsecuentes, sino para conservar la necesaria serenidad de espíritu en medio de las aflicciones de la guerra.
"Las típicas jocosidades sobre la detestable calidad de su cocina, y la falta de imaginación de sus combinaciones culinarias evitan silencios pesados. El excelente teniente Boutal, que desempeña estas funciones con las de oficial de ordenanza, sabe al valor que debe darle a esas amables censuras y las acepta de buena voluntad”

Esto quiere decir que el oficial encargado de la cocina sabe que tales críticas son exageraciones y jocosidades a falta de otro tema, pues Weygand ya afirmó que la comida es de buena calidad. Se percibe aquí que el teniente cocinero no era un hombre de resentimientos, y sabía soportar cosas de esas para que todo marchara bien en la guerra. Sí, porque si algunos reciben disparos en las trincheras, él bien puede aguantar algunas bromas incluso injustas. No se auto-compadece ni se incomoda con el asunto, ni incomoda al General, aprovechando el ambiente de confianza y distensión, para decirle que necesita conversar una cosita en privado después de la refección pues se siente un poco agobiado, etc …

“Después del almuerzo el General sube un instante a su habitación y por vuelta de las 13:30 regresa al Estado Mayor. Si alguna visita al Frente no está prevista, esa es la hora del paseo a pie. Solamente un tiempo insoportable podría hacerlo suspender. El paseo dura por lo menos una hora y se hace siempre en pleno campo. A esos paseos el General lleva consigo un acompañante, jamás dos, y es necesario una circunstancia particular para que ese compañero no sea su Jefe del Estado Mayor”.

Tenemos entonces la rutina de Foch : Refecciones tranquilas, comida sustanciosa, pequeño reposo. En seguida, un paseo a pie de por lo menos una hora, que solamente será suspendido si el clima ruin no lo permite. Ni siquiera las noticias sobre el curso de la guerra lo sacan de ese tono de vida.

A mi ver, esa conducta refleja el admirable aprecio del Mariscal Foch por la calma.

(1)Según Dr. Plinio, un discípulo debe tener con su maestro una relación de armonía y sincronía semejante a lo que se verifica entre un satélite y su planeta.
(2)Es una debilidad de personalidad propia de las nuevas generaciones. Dr. explicitó las características de este tipo de debilidad mental.