Causas de la derrocada de la Familia (III)

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En este segmento de algunas de las consideraciones del fundador de la TFP en Brasil sobre la mujer y la crisis familiar, de la que hemos venido hablando, Dr. Plinio se refiere al papel de madre y su insustituible condición, so pena de causar una catástrofe social de consecuencias terroríficas. 

La presencia materna en la formación del hijo
Se cuenta mucho que en los campos de batalla, los soldados moribundos tomados por el dolor y la fiebre, comienzan a delirar. Gritan pidiendo auxilio divino, pero casi siempre llaman a la madre, incluso tratándose de hombres casados ya con hijos e hijas. Llaman a la madre y no a otra persona. No claman por el padre o la esposa. Saben que hay una forma de afecto y cariño que todo hombre enfermo necesita y que solamente la madre le puede dar. Un padre tiene afectos de ese tipo, pero muy sumarios. He aquí, una vez más, la diferencia que hace la armonía, y por causa de esto se crea un papel propio de cada uno de los padres frente al dolor de su hijo. El de la madre es insustituible.

Otra de mis reminiscencias es que, cuando yo era muy niño, asistía a misa todos los domingos con mi madre en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Aunque yo no entendía bien el significado del Santo Sacrificio, me agradaba estar ahí, oír el órgano, admirar los vitrales, etc. Y ponía atención en la manera como mi madre rezaba. Y me venía este pensamiento : ella está en armonía con todo este ambiente. Ella está aquí incluso más feliz que en casa. Este es el ambiente de ella.

En cierto momento, viéndola mirar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús fue que yo comprendí que era por causa de Él que ella era buena. Que ella aprendía de Él esa bondad; por tanto mi madre para mi era un modelo indirecto de Él. El verdadero modelo era entonces Nuestro Señor porque fue de Él que ella aprendió a ser de esa manera.

Fue así que mi madre, en cuanto ejemplo de todas las cosas que le hablan al alma de un niño, me hizo entender que yo debía adorar a Jesucristo, infinitamente mayor que ella, y de paso tener para con la Iglesia Católica, la Esposa mística de Él, un amor indecible.

Puede dar la impresión de que estoy exagerando. Es algo que no discuto. El hecho concreto es que todo niño tiene la tendencia a exagerar las cualidades de su madre, está predispuesto a encantarse con ella, y esto es algo enteramente Providencial, constituyendo una ventaja que favorece la educación infantil.

Las madres por lo tanto deben procurar maravillar a sus hijos por la paciencia, la bondad, la continuidad del afecto. Procurar maravillarlos es la primera cosa que deben hacer. Y maravillar importa a veces en saber corregir.

Mi madre mantenía sobre el peinador de su alcoba un cepillo de plata cuyas cerdas eran muy duras. Cuando yo había hecho algo indebido, me llamaba con un tono de voz que yo ya entendía lo que significaba pues no estaba con mi conciencia tranquila. Me hacía extender la mano y me decía que iba a recibir unas palmadas con el cepillo por causa de lo que yo había hecho. Tomaba el cepillo y pam! pam! pam! … terminado el castigo, me decía el por qué lo que yo había hecho era malo. Me explicaba en lo que yo había andado mal. Sin embargo lo hacía tan seria pero también tan dulce que me dejaba encantado. Cuando terminaba la explicación me peguntaba si había entendido bien y me mandaba pedirle perdón. Yo lo pedía y en seguida ella me abrazaba y me besaba con cariño diciéndome, te perdono ya.