Causas de la derrocada de la Familia (II)
Actualizado (Lunes, 27 de Abril de 2009 10:05) Escrito por Plinio Correa de Oliveira Lunes, 19 de Febrero de 2007 22:00
Damos continuación a algunas disertaciones de Dr. Plinio respecto al papel de la mujer y su escandalosa inversión en los días de hoy. El fundador de la TFP en Brasil, atribuía a este trastoque cultural impulsado por algunos mass media de poderosa influencia ,la mayor y principal causa de la violencia en el hogar.
Hombre y mujer se complementan
Las diferencias entre esposo y esposa existen para que ellos se complementen mutuamente.
Tomemos el más trivial de los ejemplos : Un vaso de agua sobre una bandeja. Son dos objetos con funciones enteramente diferentes pero que para cierta circunstancia se complementan. El vaso debe ser puesto sobre una bandeja para ser servido a alguien. Y la bandeja debe servirle al vaso. Y porque se complementan para ese servicio, deben estar juntos. No es de buena educación pasar un vaso en la mano. Y absurdo que le pasen a uno una bandeja simplemente.
Consideremos también los dedos de la mano. Son siempre cinco distintos y están juntos. La razón de ser cinco distintos los hace diferentes pero siendo diferentes se complementan. Qué pesadilla sería si alguien tuviera todos los dedos de la mano iguales! Cinco pulgares o cinco meñiques. Ciertamente habría una gran cantidad de cosas que la mano no podría ejecutar bien. Es en la diversidad armónica y no en la igualdad que se encuentra el fundamento de ese tipo de uniones con funciones diferentes.
En el matrimonio entran en armonía la fuerza del esposo con la delicadeza de la esposa. No se excluyen ni compiten. Se armonizan.
Todavía a titulo de ejemplo, me permito hacer una pequeña reminiscensia de mi vida de familia. Cuando mis padres aún vivían, siempre que yo salía después del almuerzo, mi madre me acompañaba hasta la puerta del ascensor para darme una última cariñosa despedida. Como el elevador era un poco lento y a veces sucedía que yo estaba de afán, acostumbraba no esperarlo y volviéndome para Doña Lucilia, le besaba la frente y le decía que iba a descender por las escaleras pues estaba con mucha prisa. Ella me veía bajar con rapidez de escalón en escalón, y yo podía oir su voz diciéndome : Mijito, no corras porque te vas a caer!!! “Mijito”, un hombrote ya con más de cincuenta años. Pero, no importaba la edad. Son las delicadezas, las finas intuiciones, el deseo de proteger y de agradar salidos del corazón de una buena madre que así siempre tomó cuenta de su hijo desde la más tierna edad.
Por otro lado mi padre como todos los jefes de familia, era hecho para el trabajo arduo. Era abogado y durante muchos años ejerció su profesión en San José de Río Preto, un pueblito en el interior del Estado de Sao Paulo. Cierta vez un amigo me contó que -aunque estuviera viejo- mi padre ejercía sus funciones como los más jóvenes : viaja constantemente, litigaba por aquí y por allá, escribía sus demandas, etc., siempre de buen humor aunque soportando un duro trajinar. No eran los trabajos domésticos de una ama de casa como mi madre. Cada uno hacía su parte, cumplía con su respectivo deber. Se complementaban.
Es la armónica diferencia entre la obligación del padre de conseguir arduamente el sustento de los hijos, y el deber de aquel cariño incomparable que la madre tiene para con los suyos en el hogar. Incluso cuando los hijos sean ya mayores, hasta sexagenarios … Afecto que los acompañará hasta la muerte.




