Instituciones aristocráticas
Actualizado (Lunes, 27 de Abril de 2009 10:06) Escrito por Plinio Correa de Oliveira Sábado, 28 de Julio de 2007 22:00
Ambientes Costumbres Civilizaciones O Catolicismo No. 67, Julio de 1.956
“Instituciones altamente aristocráticas”
Plinio Correa de Oliveira
Si el autor de este artículo dispusiese de tiempo suficiente, tendría placer especial en analizar para sus lectores el concepto que sobre “Democracia” consignó el Papa Pío XII en sus documentos Pontificios. Esta palabra, frecuentemente infestada por todos los demonios de la Revolución, adquiere en tales documentos un sentido nuevo, original y, por decirlo así, exorcizado, que merecería profundizarse. Quien se consagrase a este análisis y estudio, vería hasta qué punto diverge ese concepto de democracia del que se maneja en muchos de los actuales círculos políticos del mundo.
Así, habrá causado mucha sorpresa a más de una persona la afirmación del augusto Pontífice en una alocución que le hiciera él a la Nobleza Romana y que O Catolicismo publicó en el No. 64 de abril de 1.956. Decía el Papa que todos los pueblos, sin excluir los democráticos, deberían tener instituciones eminentemente aristocráticas. De ahí -dice Pío XII- la existencia e influencia en todos los pueblos civilizados de instituciones eminentemente aristocráticas, en el sentido más alto de la palabra, como son algunas academias de larga y bien merecida fama. Pertenece a estas también la Nobleza. Sin pretender un privilegio o monopolio cualquiera, ella es o debería ser una de aquellas instituciones; institución tradicional, fundamentada en la continuidad de una antigua educación. Gran verdad que ciertas naciones de hoy, incluso tenidas como paradigma de la democracia, conciente o subconscientemente reconocen.
Nítidamente aristocráticos son el uniforme, el porte y la marcha de estos cuatro cadetes. Seriedad, ufanía, tradición, alto sentido de autoridad, espíritu guerrero : elementos intrínsecos a la noción de nobleza, que en ellos cuatro se refleja con agradable nitidez. La feliz foto instantánea, atrapó un momento en que incluso el propio viento parecía estar colaborando para la noble nota del conjunto, moviendo en imponentes ondulaciones las banderas que los cadetes portan con tanto brío.
La sede de esta Escuela Militar expresa también el mismo espíritu. Las armónicas líneas arquitectónicas de la fachada tienen el encanto y distinción de los viejos edificios ingleses. El material de que está hecho el edificio es un tipo de piedra con cierta nota de severidad y fuerza. El cuerpo central, flanqueado por dos grandes torres almenadas, le da aspecto de fortaleza. Sin embargo la inmensa ventana del centro le da un medio indefinido toque como de iglesia, una calmada dulzura acogedora que flota como si fuera una gran promesa sobre la puerta de entrada, ancha, pequeña y graciosa. A la izquierda se alcanza a ver otra parte del edificio también en piedra y con un torreón que refuerza la nota militar del cuadro. A la derecha, un predio del mismo estilo parece convidar para el estudio en un ambiente recogido y confortable. La arboleda recuerda un poco los antiguos castillos europeos. Una cierta vaga nota muy discreta de suave melancolía, reposante y luminosa -tan propia de los ambientes tradicionales- parece diseminada por el aire. Al frente, un amplio gramado sitúa al conjunto en un respetable aislamiento. Quien desea transponer esos umbrales debe caminar un largo trecho teniendo por delante esa especie de décor como que exigiéndole atención y debido homenaje …
¿Dónde está esta Escuela, estos cadetes y este ambiente? ¿En la monárquica y tradicional Inglaterra? Muchos de mis lectores ya habrán respondido que no, reconociendo los uniformes y el predio de la Escuela de Cadetes de West Point en los Estados Unidos.
Hoy día se registra que están apareciendo manifestaciones de amor y gusto por la tradición, la distinción y la disciplina, como se percibe en algunas academias militares de Brasil y México.
Bien me parece que en el mundo civil podríamos imitar en estos puntos a los militares y hacer retroceder la ola de vulgaridad demagógica electorera que ha invadido de modo muy especial los ambientes políticos donde muchos personajes, para mostrarse “democráticos” juzgan que es un deber ostentar con ufanía sus faltas de educación, compostura e instrucción.




