Triunfos de la técnica y encantos de la naturaleza

Actualizado (Lunes, 27 de Abril de 2009 12:07) Escrito por Plinio Correa de Oliveira Lunes, 26 de Marzo de 2007 00:00

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Triunfos de la técnica y encantos de la naturaleza

O Catolicismo, No. 99, Marzo de 1.959

Plinio Correa de Oliveira 

 ¿Qué come en un año -estamos hablando de 1.959- una familia norteamericana de cuatro miembros como la que aparece en la fotografía?


  Triunfo de la tecnica

 

 

A primera vista la foto da la impresión de hartazgo, acentuado por el aspecto risueño y saludable de padres e hijos. Sin embargo, una apreciación más detenida de la fotografía hace pensar. Con excepción de el racimo de bananos que se ve por ahí en alguna parte de la fotografía, el resto son conservas, enlatados y alimentos empacados. En otros términos, son víveres, naturales unos, industrializados otros, pero todos sujetos a los frigoríficos, los preservantes, las demoras y los sacudones que impone un largo transporte desde el sitio de producción al de consumo, a lo mejor a través de una cadena de intermediarios.


 

   Dada la calidad de la materia prima y teniéndose en cuenta la perfección a la que llegó la técnica del transporte y la conservación de los géneros, es bien comprensible que no se perciba ningún efecto directamente nocivo de la ingestión de esos alimentos. Pero cuando se ven tantos productos en un estado bien diferente del que les es natural, y se piensa que no es solamente una familia, ni solamente los Estados Unidos, sino naciones  y el mundo entero que va viviendo cada vez más en ese régimen, es de quedar pensativos … Y la pregunta aflora inevitablemente a los labios : ¿Realmente no habrá nada dañino –como dicen algunos- en tanta “desnaturalización”?


Triunfo 02

   Y esto, tanto más cuanto no es solamente en materia de alimentos sino en casi todo, que la técnica se va apoderando del ser humano y lo va distanciando de la naturaleza. ¿No habrá una forma de ponerle límite a tan extensa y universal tecnificación?

 

  

 

   En la otra serie de fotografías, vemos en la pintoresca capital de Bahía en Brasil, víveres al natural expuestos en una plaza de mercado. No pasaron por una cadena de intermediarios, ni permanecieron yertos y congelados en un frigorífico ya que allá el sistema de almacenamiento, transporte y comercio ciertamente es mucho más elemental. Sin embargo con toda seguridad, llenos de sabor y vitalidad irán del mercado a las ollas en las que serán transformados en deliciosos manjares por las manos de las famosas cocineras de El Salvador.

 


   ¿Atraso? Tal vez. Pero, cuán más humano, más sano, más apacible, más dulce este atraso que deja subsistir un delicioso aspecto de la vida en aquello de lo que se nutre el cuerpo del hombre!

 


   ¿No habrá ahí algo para proteger contra la invasión omnímoda de la técnica?

 


 

Nota : El artículo fue escrito en 1.959 cuando casi nadie se atrevía a cuestionar la toxicidad de los preservantes ni la basura residual de los empaques, que hoy inundan casi todo el planeta.